lunes, 29 de junio de 2009

CONSERVAS VEGETALES

Algo que suele ocurrir cuando visito a amigos para comer o cenar es que ponen algo de lata y piden disculpas. Si ellos supieran…

Yo al contrario pongo mi conserva y le doy publicidad.

Andy Wharhol popularizó la famosa lata de sopa Campbell’s en 1962 y creó con ello un icono de pop art. En realidad lo que hizo Wharhol fue colgar en una exposición algo que era casi obligatorio tener en cualquier cocina norteamericana.

…y desde entonces han pasado casi cincuenta años en los que la biotecnología aplicada a la industria de la alimentación ha avanzado como una locomotora mejorando procesos y procedimientos a la vez que la legislación en cuanto a medidas higiénicas tanto en la producción como en el almacenamiento de alimentos envasados en los países más desarrollados han alcanzado cotas que nos garantizan casi al 100% la inocuidad y salubridad de los mismos.
Por este motivo y varios más me declaro ferviente partidario de los alimentos envasados. De unos más que de otros por supuesto. Pero esto último a gusto del consumidor.

Tras diez años de trabajo en el sector financiero, tres en la cocina y con mi pequeña conciencia ecologista he llegado a la conclusión de que existen al menos cuatro razones que nos invitan a consumir alimentos en conservas:

- La primera razón es operativa.- La conserva nos permite una flexibilidad absoluta pues no necesitamos preparar nada. Todo está hecho y no hay que lavar, pelar, cortar, ensuciar cacharros para cocer, freir, hornear,….no tenemos luego que lavar los cacharros y colocarlos. En fin, una delicia, abrimos el bote o la lata y ¡hooops! ya está todo hecho. En cuanto a calidad depende de lo que queramos pagar…”para gustos colores”. También en el mercado tenemos melocotones a diferentes precios dependiendo de su procedencia y calidad.
- La segunda razón es higiénica.- Y es que, por mucho que me esmere en casa los procedimientos domésticos de elaboración nunca alcanzarán el nivel de control que las autoridades sanitarias imponen a la industria agroalimentaria. Pensad en los casos de intoxicación por consumo de conservas que se producen al año. Además cuando se producen es normalmente por consumo de productos caducados cuya venta está estrictamente prohibida y severamente penada por ley. Pero aquí el consumidor tiene gran parte de la culpa si no vigila la fecha de consumo preferente o de caducidad. ¿Quién se comería un pescado que huele mal o una cebolla podrida?
Desde luego para mí es una garantía tomar una conserva en buen estado de, pongamos, corazones de alcachofa…¡qué ricos!.
Fijaos si es seguro que en la hostelería y restauración durante un tiempo no se utilizaba huevo crudo para salsas pues estaba prohibido debido al peligro de contaminación por la salmonella. Se evitaba incluso hacer huevos revueltos tan apreciados en el desayuno continental.Pero de un tiempo a esta parte las cosas han cambiado bastante debido al huevo líquido pasteurizado y sus derivados (yema y clara) que no dejan de ser una conserva refrigerada.
- En tercer lugar e importantísima es la razón económica.- Esto lo explico con dos ejemplos: cuando preparamos un pisto tradicional con cebolla, tomate, calabacín, berenjena, pimientos verdes, ajo, sal y aceite, tenemos que comprar todo y no necesariamente al mejor precio, sobre todo si queremos saborear este delicioso pisto fuera de temporada. Por tanto, a parte de tener los ingredientes a un precio muy superior al que lo compraría una fábrica de pisto –ellos lo pagarían cinco o seis veces más barato que nosotros- tendremos que utilizar un montón de tiempo: primero pochar la cebolla, entonces añadir por orden el pimiento, los tomates, etc. Y todo vigilando de que la cebolla no coja color, de que no se nos pase de cocción y acabemos teniendo “pasta de verduras” en lugar de pisto de verduras. Ese tiempo dedicado también tiene un coste. Después de habernos gastado el dinero en comprar verduras más bien carillas, consumir tiempo y gas o electricidad, tenemos que lavar todo y guardarlo.
El segundo ejemplo es el de una buena conserva de pescado, sea congelado, enlatado o embotado: las factorías lo compran de temporada, lo ultracongelan y lo van procesando poco a poco. Nosotros sin embargo no podemos hacerlo. Tendremos que ir al mercado y comprarlo al precio al que esté. Por supuesto que mucho más caro si es fresco y no está de temporada pero si lo está y es barato no compraremos cincuenta kilos aunque nos guste mucho. Sin embargo las latas, los botes o el congelado siempre lo tenemos en el super y además podemos almacenar una cantidad razonable.
- Por último está la razón ecológica.- Con los alimentos en conserva también ayudamos a conservar el medioambiente por varios motivos: los procesos y procedimientos utilizados industrialmente suponen un importante ahorro de energía ya que no es lo mismo procesar pequeñas cantidades en casa utilizando gas o electricidad, agua, papel o trapos de cocina, etc, que procesar grandes cantidades con lo que se racionaliza el uso energético y de agua; los alimentos procesados industrialmente se pueden almacenar y duran mucho tiempo con lo que la industria acaba ajustando su producción a las previsiones de venta y se consigue tirar menos alimentos. ¿Cuántos alimentos frescos que se nos pasan tiramos a la basura al año?. Pues multiplicarlo por la cantidad de hogares de España, o mejor por la cantidad de hogares de Europa.
Otra razón ecológica es que los envases son reciclables y hoy en día recuperarlos supone un coste medioambiental muchísimo menor que el de, por poner un ejemplo, las famosas bandejas de poliespán, esas blancas o rositas que nos ponen en los super e hipermercados para el pescado, la carne o las verduras frescas, y que luego tiramos tan ricamente a la basura.

Bueno, como podéis ver soy partidario de las conservas. Las buenas, claro está, porque las hay buenísimas y malísimas. Entre el blanco y el negro una amplia gama de grises.

Alf.

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